5. Reading: La búsqueda

Boy, have I suffered through this. While La búsqueda. Testimonio de Leonor Esguerra Rojas (Pregón, 2011) depicts the life story of an utterly interesting character, this (first) edition is barely edited at all. As someone who for professional reasons has a lot to do with interview transcripts, I was apalled by the incoherences of style and organization, and the overall missing conception. What is worse, even as a non-native speaker I notice many mistakes in spelling and punctuation, and the at times unconvincing attempts at Colombian colloquialism. But I continued anyway, because I was curious to see how this nun of upper class origins ended up with the ELN guerrilla.

Even if, as such, this is not a unique story (there have been many nuns and priests in Colombia who collaborated – or still do – with guerrilla groups, most famously Camilo Torres), it is one of very few accounts of how women ended up guerrilleras in Colombia. It might have been a problem from the start that I had Gioconda Belli’s Mujer habitada in mind all the time, and that probably raised my expectations to almost unfulfilable heights. But even comparing her non-fictional biography, which was the basis for mujer habitada, to this supposed testimony left me with the impression that La búsqueda has some valuable stories to share but has not been thought through in its presentation. Especially I would like to rescue the idea of structuring the narrative through the different nome de guerres Leonor used during her life, but insist on the fact that many things she “testifies” would have greatly profited from contextualization with other sources (clearly, this is the anthropologist speaking).

How did I come across the book?

I saw it in the hands of a dear friend and ex-member of the M-19 guerrilla movement, so I assumed this would imply a certain credibility, if not quality. I still have to talk to her about it to see what she really thought about it.

When and where did I read it?

During fieldwork in Bogota.

Le tememos a la violencia porque origina dolor, sufrimiento; cuando hablamos de sangre que corre, de heridos, de fusilamientos, de decapitados, pensamos con horror en el dolor que esto produce, pero nos deja sin cuidado saber que hay miles de niños que se están muriendo por desnutrición, por falta de higiene, por falta de atención medica, no nos afecta mucho saber que hay personas que sólo toman una sopa aguada una vez al día, que hay ancianos que mueren de frío dormidos en la calle helada… todos estos muertos no cuentan, nadie los contabiliza, nadie ve que hay una violencia legal, institucionalizada. (p. 123)

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To the bone

Indagan si osamentas en vía de la Calera son de víctimas del conflicto

CTI revisa si restos humanos serían arqueológicos o de víctimas de la violencia

Por: Blanca Gómez Gómez

15 de abril de 2018, 02:23 p.m.

El CTI inspecciona las obras de la Circunvalar, donde hubo hallazgos de osamentas, supuestamente ancestrales, en un tramo que pasa cerca de La Calera, Bogotá. Sin embargo, salió la hipótesis de que puede tratarse de una fosa común.

Este martes, funcionarios de la Fiscalía y la Policía Judicial iniciaron las investigaciones para determinar si lo encontrado en la fosa corresponde a restos arqueológicos o pertenece a personas desaparecidas años atrás y que serían víctimas del ‘Bloque Capital’ de las Autodefensas.

Empleados de la Concesión Capitalina, firma que está a cargo del proyecto, fueron quienes hallaron al menos 50 osamentas en “buen estado”, que hace presumir que no serían tan antiguas como se creía en un principio. En un comunicado, la Concesión Capitalina, por medio del programa Arqueología Preventiva manifestó que encontraron los restos óseos de seis individuos prácticamente completos, cuatro incompletos, y cerca de 50 cráneos en entierros múltiples. También 100.000 fragmentos de cerámica, cinco vasijas, 20 vasijas completas pero fragmentadas, 20 vasijas incompletas, 50 caras de figuras, collares y piezas talladas en piedra.

Sin embargo, los restos fueron hallados a poca distancia de la superficie, lo que llamó la atención de los miembros de la Fiscalía que adelantan las pesquisas. “Tenemos entendido que los restos han sido hallados a 80 centímetros, 60 centímetros y hasta a 20 centímetros de la superficie donde estamos pisando. Probablemente no tengan tantos años”, dijo uno de los funcionarios. El ente investigador autorizó a una antropóloga del laboratorio de Identidad Humana de la Fiscalía para que realice las pruebas pertinentes a los hallazgos.

04/15/2018

Today something weird happened: I was called by an agent from Identidad Humana, and they were asking me to help out with the identification of those bones they found a few days ago on the La Calera road. It’s curious, because I don’t even specialize in forensic anthropology (I suspect they wanted some external ‘expertise’), but I said yes anyway out of curiosity. I’ve never had the chance to get this close to the real stuff. After all these tiresome interviews about upper-middle-class sensibilities, I felt like I deserve some action. So I went there and met with a Police officer and a doctor. They gave me a short introduction about the proceedings thus far and showed me the grave. It was really all just sand and bones and parts of vases, and from the way they looked, this was clearly not an archaeological site. Even a beginner like me could tell that the vases where from different periods and peoples, so clearly just thrown in there for decoration. They hadn’t yet dug out all the bones, so W., the police officer, drove me and the doctor to the morgue where the other remains we stored. Dr. Castillo then explained to me how to tell whether a pelvic bone belonged to a man or a woman (those of women are wider…). While I’m not sure how much I can really help with this, there was something I found. As we were organizing the bones and skulls according to colors (that’s the first hint that they could belong to the same person), I heard a clacking noise in one of the skulls. It had a hole right between the eyes, and the clacking belonged to a bullet. It’s so obvious, and yet so strange. There’s clearly no way someone died a natural death with a bullet hole between his eyes. I’ve never felt anything like this before. At that moment I realized this was a real human skull, a skull that once belonged to a living being. It’s a weird sensation, seeing these bones, smelling them, taking them up to examine them for more bullet holes. This is such a different perspective on the conflict. Like, this is real. Real people get hurt by this shit. I mean, of course I knew this, but I don’t think I understood the full meaning of it until I looked at that skull today. The doctor said we should get the bullet examined, as this would allow us to determine who shot it, and the approximate timespan, which we could then compare to the bones. Continue reading

Melo_D

Oh, how fast the evening passes / cleaning up the champagne glasses. (Lorde)

Hortensia, Begonia, Margarita y Azucena se encuentran una vez por semana. Que todas tengan nombres de flores es pura coincidencia. Sin embargo, en el colegio se las conoció por todas partes simplemente como Las Flores. Son amigas desde hace décadas, pero esto no quita que tengan sus secretos y reservas. No por nada se evitan las conversaciones sobre política y religión, y no solamente en familia, sino también en las reuniones de Las Flores. Como buenas hijas de clase media en un país católico, tienen penas y vergüenzas para dar y convidar, pero como buenas hijas de clase media en un país católico no las comparten con nadie. La emancipación les sirvió para no más confesarse con un cura; ya ninguna va a misa obligada por la madre o el esposo. Ya no quedan tantas madres y esposo tampoco. Más allá, la emancipación no ha llegado y Las Flores siguen con sus penas y vergüenzas cada una por si sola.

A Begonia por ejemplo le da pena invitar a sus amigas a su casa porque cree que su sala es la más pequeña. Además, no sabe cocinar bien, y más pena que el tamaño de su sala le da ofrecer paquetes del supermercado a la hora de los onces. Hortensia, por el contrario, es muy buena cocinera y le encanta experimentar. Por eso, cada vez que vengan las amigas, hay otra delicia recién horneada esperando a las invitadas. Pero Hortensia vive más al norte que las demás y el trancón de vuelta a la ciudad es horrible en horas pico. Por eso solamente se encuentran en la casa de Hortensia cuando la cita es por la mañana. Margarita es la menos avergonzada de las cuatro, pero se da cuenta de que las demás aún después de tantos años la siguen juzgando por ser tosca. Ella lo atribuye a su descendencia alemana, aunque su único nexo con este país sea su pasaporte. Azucena es la que más se preocupa por su apariencia. Tanto así que no asistió al entierro de su prima porque su (ahora ex-)esposo se untó un zapato en caca de perro y no pudieron ir así. Pero Azucena es también la mas aventajada en cuanto a guardar apariencias, porque es la más rica de las cuatro. Esta tarde, Las Flores se encuentran en la sala de Azucena, la sala que más avergüenza a Begonia. Continue reading

¿En qué iba?

¿En qué iba? Ah, si, que entonces estábamos con mi familia ahí sentados en el Club Colombia, cuando de repente alguien dijo que habíamos ganado. Allá mucha gente es de nosotros. Todos nos miramos sorprendidos, porque no pudimos creer que ganamos el plebiscito. Después de toda la maquinaria… Estábamos convencidos de que ganara el Sí. Pero entonces comenzamos a mirar las noticias, y ¡efectivamente! Ganamos. Eso fue un momento muy bonito, ahí con toda la gente que dijimos que No. Pero ya cuando nos enteramos de la otra gente, que los del Sí nos echaron la culpa y todo eso, eso ya fue otra cosa. Porque nosotros no queremos la guerra, ¡no! En ningún momento los argumentos del No eran que se iba a ganar la guerra, o algo así. Aunque bueno, dicen que las FARC ya estaban muy débiles, y que en realidad no había necesidad de negociar nada. ¿Quién se pone a negociar con un grupo armado que está a punto de perder? O sea, desde el comienzo lo único que quizo Santos era el Nobel de paz. Y ahora nos dejó con este bollo de acuerdo que no era lo que nosotros queríamos y aún así nos met en esto. Yo sí me pregunto por qué la comunidad internacional no dijo nada ahí. Porque esto no era lo que queríamos nosotros. Eso también es una vulneración de nuestros derechos. Nosotros lo que queríamos—y lo que seguimos queriendo—es un acuerdo que valga la pena. Uno sin impunidad, y sin regalarle nada a nadie. Porque ahora, ¿cómo lo defendemos frente a la gente decente? Los que siempre han trabajado y que nunca se les cruzó por la mente alzarse en armas. Los que siempre cumplieron, no robaron, no mataron. A estos no se les da nada, pero a los guerrilleros esos traficando droga, secuestrando, matando, extorsionando, ahora les entregamos su sueldo mínimo sin que ni siquiera tengan que esforzarse. Todos tenemos que cumplir con las reglas. Todos tenemos que entrar en la misma competencia en el mercado laboral, entonces no podemos regalarles nada a ellos. Imagínate: el otro día leí en el periódico que ya los sacaron de la cárcel. Ni habían entrado hace tanto. Primero tienen que cumplir. Continue reading

República papayera

Erase una vez una república bananera que no quería ser república bananera. (Aunque sea una obviedad, habrá que añadir que en realidad muy pocas repúblicas bananeras quieren serlo.) En esta república existía una isla montañosa, fría, muy diferente del resto del país, que—siendo honesto—era un lugar inhóspito para los bananos. Su gente se esforzaba de no parecer gente del trópico, se levantaba temprano, no hacía siesta, y lo más importante para la vida de cada uno era tener un trabajo y pasarse todo el día en éste. Aunque esto no implicaba que se lograra mucho a lo largo del día, lo importante era la constante presencia en el lugar. Todos vivían constantemente controlados y controlando a los demás para evitar cualquier parecido con la gente de las demás repúblicas bananeras. Empezando por los jefes, que vigilaban con ansiedad las horas de llegada y salida de sus empleados, hasta los padres de familia que no podían vivir un sólo día sin saber exactamente que almorzaron sus hijos. Claramente, cada respuesta se juzgaba según su parecido con lo bananero: no se podía comer en la calle, no podía ser comida rápida, y siempre tenía que ser saludable y con harta proteína, preferiblemente de origen animal, porque todo lo demás sería demasiado parecido a lo bananero.

En esta tierra sin ley, lo que abundaba eran las leyes. Era una gente verdaderamente obsesionada con las reglas y con la vigilancia de que se cumplieran. El secreto se despreciaba, porque presentaba un lugar en el que la gente podía pensar de manera bananera, y cualquier parecido con los bananeros del resto del país era lo que se tenía que evitar a toda costa. Evitar parecerse a gente de república bananera era incluso más importante que obsesionarse con su trabajo. Lo que es más, la gente que no tenía trabajo tenía que esforzarse aún más para no parecer bananera. El hecho de no tener trabajo se consideraba una falta individual que demostraba que la persona sin trabajo era un perezoso que no se había esforzado lo suficiente, porque ¡trabajo sí hay!, y por lo tanto, se esperaba que la gente sin empleo se comportaba de manera impecable, es decir, sumisa y a la merced de los demás que si trabajaban. Continue reading

Taking it Slow

It is that time of year again in which the timelines and retrospections and evaluations flood our heads, hearts and mailboxes. It is the time of year that forces us ruthlessly to succumb to neoliberal and societal pressures and ask ourselves: what have we done? What have we reached? These questions hit close to home when I look at anthropolandia, where I haven’t posted anything in over three months now. Lack of time? Lack of inspiration? Or is this maybe not just an example of individual failure, but a reflection of something that is wrong with a broader structure?

I have recently read an article about Slow Scholarship from a Feminist collective. (You can find it here at the ACME journal.) In it, the authors Alison Mountz, Anne Bonds, Becky Mansfield, Jenna Loyd, Jennifer Hyndman, Margaret Walton-Roberts, Ranu Basu, Risa Whitson, Roberta Hawkins, Trina Hamilton and Winifred Curran advocate for an approach to scholarship that makes it possible again for good scholarship to ripen. The idea shouldn’t surprise:

Good scholarship requires time: time to think, write, read, research, analyze, edit, and collaborate. High quality instruction and service also require time: time to engage, innovate, experiment, organize, evaluate, and inspire. (p. 1237)

This was the first article in weeks that I read because I wanted to, not because I had to for whatever kind of obligation. Where is innovation going to come from, if there is no time to explore? Among my colleagues and friends pursuing doctoral degrees, I know literally no-one who hasn’t struggled with their project at some point. Sure, this is not just, or in every case, a question of slowing things down. And the position from which I look at the problem is exceptional, because most doctoral students either don’t have the same financial security, or a much higher workload to comply with while trying to write their dissertations. But the longer I look at this phenomenon, the more I think that something has to be done. Something that is not limited to individual (self-optimizing) coaching sessions, but something that will make space for the uniquely personal, even, and maybe especially if, it doesn’t fit into an overarching scheme of profitability.

Some propositions from the article on how we can make space for the slow moments of scholarship, those that include the best ideas and the dearest projects, are these:

  • Talk things slow! Let other people know about the slow scholarship movement, discuss is with your peers and organize! The more, the merrier, and the more likely you are to find time to thin if the people around you are aware of the situation.
  • Take care of yourself and others! While you can only take care of others if you also take care of yourself, you shouldn’t forget about them, either. Especially if you find yourself in a position in which you have the power to influence in work schedules, make plans that work for as many people as possible.
  • Write fewer emails! Have a look at how writing, sending and receiving emails can be improved for all people involved over at emailcharter.org!
  • Good enough is the new perfect! When it comes to things you have to do (compared to the things you want to do), reach for the minimum. Perfectionalism is a real time killer, and this way you might get back some precious time to think.

For 2018, I wish for you and me to have the ability and strength to tackle some of these, and make the niches we’re inhabiting a little more inhabitable again.

27. Reading: The brief wondrous Life of Oscar Wao

Junot Díaz’s The brief wondrous Life of Oscar Wao (Faber and Faber, 2008) is an absolutely intriguing work of art. Maybe your first ever novel with footnotes, written in an exquisitely sassy Spanglish and so full of allusions that it made me wonder whether it is actually translatable. (There are, as far as I could see, at least 13 translations, among them Portuguese, German, Turkish, Japanese, Czech and Croatian, so yeah, apparently it is.) It’s a nonchalant ride not only through the “brief wondrous” life of Oscar, The Nerd, but also an introductory course to the history of the Dominican Republic during the 20th century, and easily the densest book I’ve read (at least) this year.

Now I am sure that had I read some more sci-fi novels (or comics, or anything considered part of that genre), I would most likely have understood more of the references to superheroes, villains, and plot lines with which the novel is splattered. There’s also some obvious salutations to magical realism. For reasons (The Nerd), the only thing this book lacks is a real (meaning: successful) romance, but also there really is neither time nor space for it given all the other things that have to be told about Dominican history, the family curse, and life in the diaspora.

How did I come across the book?

I don’t really remember, even though I do remember having heard of it. I do remember, however, that the story didn’t strike me as particularly interesting, and not even having read This is how you lose her last year convinced me. So what did? Maybe the Pulitzer, the fact that I have a thing for Caribbean authors, and that I got the used copy for peanuts, really.

When and where did I read it?

During the first two weeks of fieldwork. Definitely helped with the re-entry, even though I was often tempted to simply keep reading instead of going outside.