Tejido Social

2nd practice from my creative writing seminar, also in Spanish. If the end sounds familiar to you, it might be because of this vignette.

Todos los jueves a las tres de la tarde me voy con mi suegra a la casa de una vecina. Allá en la amplia sala de un edificio de estrato cinco bogotano, nos encontramos con otra vecina más para tejer. Acabo de comenzar mi primer saco, en una lana suavecita y gris que habíamos conseguido a un precio absurdamente barato durante de un paseo a Nobsa. Yo nunca me imaginé que en algún momento iba a terminar aquí.

1977

Todo comenzó con mi primera mochila. Yo había visto tejer a mis familiares en la ranchería desde que tengo recuerdos, pero como es la tradición, mi mamá apenas me enseñó a tejer cuando comenzó el encierro. Durante estos doce meses que no salí de mi cuarto, aprendí a leer los patrones de las mochilas, y a reproducirlos yo misma. El encierro fue muy solitario, y me dio mucha rabia algunas veces. El tiempo parece no pasar en el encierro, y por eso es tan difícil acordarse de algo. Pero si me acuerdo de esa primera mochila, la que me tomó más de un mes terminar. Era roja, con tiras cafés y amarillas.

También me acuerdo de Manuel. Era el hijo de un tío de mi mamá, y durante el encierro me visitó y me habló algunas noches. Como no pude ni hablar ni ver a nadie, su compañía al otro lado de la pared me consolaba. Durante estas noches, él me contó de lo que había visto durante el día. De las visitas a Riohacha, y de la pobreza en la que vivíamos nosotros en cambio; de la prima que se murió dando luz porque no llegó el médico hasta la ranchería; de que muchas veces no había agua porque las grandes multinacionales se la aseguraban para los monocultivos, y la nueva esclavitud que se vivía como jornalero en las bananeras. Y de la guerrilla, que iba a cambiar todo eso. Aprendí mucho sobre el mundo durante estas charlas nocturnas con Manuel.

El día en que salí del encierro debería haber sido un día de fiesta, en el que me presentaban como señorita a la comunidad. Pero como no había ni qué comer, la fiesta no se dio. Me dio rabia y tristeza a la vez, y decidí que ya era hora de luchar por un futuro mejor. En la misma noche, metí una ropa a la mochila y me fui con Manuel para evitar que me casaran con algún extraño que pudiera pagarme. Y así llegué al monte. En vez de agujas, aprendí a usar el fusil, pero la costura también me sirvió para curar a algunos compañeros heridos en combate.

1997

Un día de julio, Manuel se fue para Mapiripán a reclutar gente entre los campesinos. No lo quería dejar ir solo, pero tenía que quedarme en el campamento porque en cada momento iba a dar luz. Manuelito nació unos días después, sin conocer a su papá, porque finalmente, Manuel no volvió. El Señor da y el Señor quita. Sólo mucho después nos enteramos de lo que había pasado en el pueblo-

Cuando vi por primera vez la cara de mi hijo, empecé a dudar de si todo esto de verdad valdría la pena. ¿Qué clase de vida le iba a ofrecer a mi hijo allí en el monte? Pero tras la muerte de Manuel, habría sido una madre soltera de no ser por los compañeros. Además, ¿quién le podría entregar un mundo así a su hijo, con tanta desigualdad, con tanta injusticia?

2017

Me encontré con Manuelito en la zona de concentración de Policarpa, para dejar las armas. ¡Esta grande! Y se parece mucho a su papá.

Estamos todavía construyendo las casas, y no hay baños que funcionen. Pero después de tanto tiempo en el monte, uno ya sabe como sobrevivir. En los ratos libres, Manuelito y yo hablamos mucho de su papá y de cómo eran mis primeros años en la guerrilla. Mientras tanto me dedico a tejer otra vez mochilas. Cuando todo esto se termine, queremos irnos a Bogotá a buscar a su abuela. Dizque vive en Suba.

Por las mañanas también siempre viene alguna gente de la prensa para saber como va todo por aquí. Incluso un día me entrevistaron. Tengo el recorte del artículo doblado en mi diario. Dice:

Pese al retraso, Maritza González, de 54 años y guerrillera desde los 14, está esperanzada. Estoy dejando el fusil por la aguja, dijo esta indígena Wayúu.

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