Tagged: historical fiction

14. Reading: Chapinero

Without knowing, I already had a book (edited) by Andrés Ospina, of which I am very fond because it has a CD with it. On that very CD is a song called Río Bogotá by a band named Sociedad Anónima. This song has always fascinated me for a line that goes: “Nunca se te ocurra ir con tu novia al Río Bogotá”, which translates to “It should never occur to you to go to the Río Bogotá with your girlfriend”. In the rest of the song, the singer explains that people throw trash into the river and that it’s a health risk to go swiming there. I who I only know the smelly and murky version of the river, was fascinated by the very idea of people actually bathing there. What is more, I never really considered the climate quite warm enough to go swiming outside. But as a Colombian saying goes, gustos son gustos. You can listen to this precious late 1980s rock jewel on youtube.

However, Chapinero (Laguna Libros, 2015) is a novel in which the river Bogotá is never mentioned. But those familiar with the city’s geography might have guessed, rightly, that it’s about the Chapinero district. The history of the quarter, which when Bogota was founded was a distinct settlement, is told in the voices of five different characters through various generations. The first is a Spanish shoemaker arriving around 1655, followed by a struggling father of the late 19th century. Then follows a young adult witness of the quarter’s transformation of the 1930s. The era of rock and hippiedom, in turn, is recounted by the only female character. They are all related to the main protagonist of the novel, who lives in todays Chapinero, through an antique shoehorn.

How did I come across the book?

I was hanging around in bookstores somewhat frequently during my last field trip. And I literally saw it in any one of the ones I visited. Plus, it was on the “Colombian authors to check out” list I had made when I got a gift certificate for a bookstore, together with Carolina Sanín, and Margarita García Robayo.

When and where did I read it?

It took me a while. As can be guessed from my bookmark – a plane ticket from Msocow to Riga – I have started it during my vacations to Moscow. I needed almost a month to finish it, because the number of characters was a little overwhelming in the beginning, and the middle part had it’s lenghts. Only as I started to realize all the characters could be related through family ties and the antique, did I become curious how their stories would unfold. I might read it again, reading not in the order of the book, but each character’s story by itself to better grasp the connections.

Para eso están los vivos. Para preguntales, y no esperar a que se vayan ausentando, hasta eternizarnos la duda. (p. 212)

Tejido Social

2nd practice from my creative writing seminar, also in Spanish. If the end sounds familiar to you, it might be because of this vignette.

Todos los jueves a las tres de la tarde me voy con mi suegra a la casa de una vecina. Allá en la amplia sala de un edificio de estrato cinco bogotano, nos encontramos con otra vecina más para tejer. Acabo de comenzar mi primer saco, en una lana suavecita y gris que habíamos conseguido a un precio absurdamente barato durante de un paseo a Nobsa. Yo nunca me imaginé que en algún momento iba a terminar aquí.

1977

Todo comenzó con mi primera mochila. Yo había visto tejer a mis familiares en la ranchería desde que tengo recuerdos, pero como es la tradición, mi mamá apenas me enseñó a tejer cuando comenzó el encierro. Durante estos doce meses que no salí de mi cuarto, aprendí a leer los patrones de las mochilas, y a reproducirlos yo misma. El encierro fue muy solitario, y me dio mucha rabia algunas veces. El tiempo parece no pasar en el encierro, y por eso es tan difícil acordarse de algo. Pero si me acuerdo de esa primera mochila, la que me tomó más de un mes terminar. Era roja, con tiras cafés y amarillas.

También me acuerdo de Manuel. Era el hijo de un tío de mi mamá, y durante el encierro me visitó y me habló algunas noches. Como no pude ni hablar ni ver a nadie, su compañía al otro lado de la pared me consolaba. Durante estas noches, él me contó de lo que había visto durante el día. De las visitas a Riohacha, y de la pobreza en la que vivíamos nosotros en cambio; de la prima que se murió dando luz porque no llegó el médico hasta la ranchería; de que muchas veces no había agua porque las grandes multinacionales se la aseguraban para los monocultivos, y la nueva esclavitud que se vivía como jornalero en las bananeras. Y de la guerrilla, que iba a cambiar todo eso. Aprendí mucho sobre el mundo durante estas charlas nocturnas con Manuel.

El día en que salí del encierro debería haber sido un día de fiesta, en el que me presentaban como señorita a la comunidad. Pero como no había ni qué comer, la fiesta no se dio. Me dio rabia y tristeza a la vez, y decidí que ya era hora de luchar por un futuro mejor. En la misma noche, metí una ropa a la mochila y me fui con Manuel para evitar que me casaran con algún extraño que pudiera pagarme. Y así llegué al monte. En vez de agujas, aprendí a usar el fusil, pero la costura también me sirvió para curar a algunos compañeros heridos en combate.

1997

Un día de julio, Manuel se fue para Mapiripán a reclutar gente entre los campesinos. No lo quería dejar ir solo, pero tenía que quedarme en el campamento porque en cada momento iba a dar luz. Manuelito nació unos días después, sin conocer a su papá, porque finalmente, Manuel no volvió. El Señor da y el Señor quita. Sólo mucho después nos enteramos de lo que había pasado en el pueblo-

Cuando vi por primera vez la cara de mi hijo, empecé a dudar de si todo esto de verdad valdría la pena. ¿Qué clase de vida le iba a ofrecer a mi hijo allí en el monte? Pero tras la muerte de Manuel, habría sido una madre soltera de no ser por los compañeros. Además, ¿quién le podría entregar un mundo así a su hijo, con tanta desigualdad, con tanta injusticia?

2017

Me encontré con Manuelito en la zona de concentración de Policarpa, para dejar las armas. ¡Esta grande! Y se parece mucho a su papá.

Estamos todavía construyendo las casas, y no hay baños que funcionen. Pero después de tanto tiempo en el monte, uno ya sabe como sobrevivir. En los ratos libres, Manuelito y yo hablamos mucho de su papá y de cómo eran mis primeros años en la guerrilla. Mientras tanto me dedico a tejer otra vez mochilas. Cuando todo esto se termine, queremos irnos a Bogotá a buscar a su abuela. Dizque vive en Suba.

Por las mañanas también siempre viene alguna gente de la prensa para saber como va todo por aquí. Incluso un día me entrevistaron. Tengo el recorte del artículo doblado en mi diario. Dice:

Pese al retraso, Maritza González, de 54 años y guerrillera desde los 14, está esperanzada. Estoy dejando el fusil por la aguja, dijo esta indígena Wayúu.

7. Reading: Los Once

I have recently started to have a look at Colombian history inspired graphic novels. After caminos condenados, Los Once (2014, Laguna Libros) was a logical consequence, especially considering its focus on Bogota. The novel takes the reader to the siege of Bogota’s Palace of Justice in 1985, from the perspective of a handful mice living in the palace. What is interesting about this view from an insider-outsider, is how it allows to get a feeling for the situation of not knowing what is happening, a strong feeling of being threatened and vulnerable, and of not understanding even when things are supposedly said clearly.

The mice ar probably an alusion to the famous Maus comic by Art Spiegelmann. But instead of cats, Los Once uses different kinds of birds and dogs to represent military forces, police and members of the M-19 guerrilla group. To me, it was not quite clear who was who, as shapes and figures often transform into each other, but maybe this was also intentional, to further underline the feeling of not knowing whom to trust, and makes clear that no-one was “the good guy”, there.

How did I come across the book?

I wanted to read it for a while, and had heard about it when it was just out, but didn’t search for it actively. After I read caminos condenados, however, I decided to have a closer look at other graphic novels.

When and where did I read it?

March 8th, International Women’s Day. The heavy rains outside made it easier to go through with the plan of striking, and to avoid working on anything else, I decided reading would be a good substitute.